dilluns, 11 d’agost del 2025

MICROHISTÒRIA

Participo en un concurs literari, en una plataforma d'internet. El termini de presentació s'acaba el dia 1 d'octubre, a les 8:59 h. 

Encara queda molt de marge perquè la gent s'hi pugui presentar. De fet, ho acabo de mirar i ja hi ha 104 participants ... La cosa es complica!

No sé si guanyaré alguna cosa, però em va divertir molt inventar la història. De fet, la rellegeixo de tant en tant i em segueix agradant. Segur que es podria millorar, però n'estic força satisfeta. 


Les condicions que havia d'acomplir la microhistòria són:

*que tingui un inici, un desenvolupament i un final. Com gairebé totes les històries, vaja. 

*que consti EXACTAMENT de 100 paraules. Ni una més ni una menys. 



Algú ja m'ha preguntat com seguiria la història, si és que hi ha una continuació. Jo crec que sí. Mai se saben aquestes coses. De fet, estic pensant finals alternatius. Bé, finals no, continuacions de la història alternatives. El que no sé és si també seran de 100 paraules o no. 

Si et ve de gust llegir-la, aquí la tens. Ja em diràs!



SPA

Percibí el delicioso aroma desde el jardín. No pude evitar colarme por una ventana.

Me sumergí, desnuda y sin depilar, en el spa. La temperatura era perfecta. Aspiré los distintos olores que me envolvían. De fondo se oían murmullos ahogados, ruido de pasos acelerados, choques metálicos. La premura de todo lo que me rodeaba contrastaba con mi paz interior. Me dejé llevar, flotando panza arriba. Mi anatomía me impedía cerrar los ojos. Disfrutaba de mi baño en aquel líquido verdoso, espeso, humeante.

De repente, un grito me sacó de mi estado de paz:

“-¡Camarero! ¡Hay una mosca en mi sopa!”


Si vols, les pots comptar. Són, exactament, 100 paraules. 

Em pots votar, si et ve de gust. Et deixo l'enllaç aquí mateix. Mai està de més un vot extra. ;-)

SPA. Enllaç 



dijous, 17 d’octubre del 2024

AUTORETRATO (O, DICHO DE OTRA FORMA, SELFIE)

Estic fent un curs d'escriptura autobiogràfica. Realment molt interessant. 

La veritat és que, tot i que cada dia ens mirem molts cops al mirall, molt poques vegades ens observem amb intenció d'anar més enllà.

Aquest exercici és, justament, per això, per aprendre a mirar-nos i començar a desfer el cabdell embolicat que som. Només cal buscar la punteta i començar a estirar ... 

M'acompanyes, a veure què descobreixo? 


Nos han pedido que nos describamos a partir de una imagen, que contemos lo que vemos. Y yo, que nunca me he gustado en las fotos (no soy fotogénica, qué le vamos a hacer) me hice por lo menos diez selfies. Y luego, claro, no sabía cuál elegir.


Ahora tengo, frente a mí, colgadas en la pared, dos fotos, una en la que miro a la cámara y otra en la que no. Las observo y me reconozco. La verdad, no estoy tan mal como creía. Igual me he pasado con el filtro. Esas moderneces a veces hacen que nos engañemos a nosotros mismos …


Para la edad que tengo que, por ahora, no revelaré, no estoy nada mal. Ni patas de gallo ni excesivas arrugas. Una ligerísima hinchazón bajo los ojos y, si acaso, algunas arruguitas horizontales en la frente, cuando levanto las cejas. Nada permanente, por ahora. ¡Qué suerte! Junto a la boca, y ya que hablamos de arrugas, tengo un par de ellas, provocadas por mi eterna sonrisa. Una línea vertical a cada lado, encerrando mis labios en una especie de paréntesis.


En la foto en la que estoy mirando a la cámara, sonriendo, se aprecia mi dentadura imperfecta. Ya desde pequeña tuve muchos problemas con mis dientes, y con la boca en general. Dice mi madre que, de chiquita, me tenía que dar la sopa con una cucharilla de café. A ver, que ahora puedo comer con cucharas de adulto ¿eh? Pero sí que es verdad que tengo la boca más bien menuda. Parece que sonrío de lado, como los malotes de las películas, pero eso es porque me falta un diente. Sí, tal cual. A primera vista no se nota, pero uno de mis incisivos salió algo rebelde, y me creció en el paladar, fuera del lugar habitual para un incisivo. Y, claro, el dentista lo tuvo que sacar de ahí. Me costó mucho decidirme, pero en primero de carrera dije que ya basta, que ese diente no hacía nada ahí más que molestar, y lo sacamos con mucho cuidado. Lo guardo en una cajita, con otros tesoros de lo más variopinto. Con ese diente fuera de órbita, mi sonrisa quedó algo ladeada. Bueno, la sonrisa no, los dientes. El centro no coincide con el centro de mis labios, y siempre parece que estoy sonriendo de medio lado. De más joven, me avergonzaba sonreir, porque creía que la gente se daba cuenta de mi imperfección. Ahora, con mi periodontitis (en tratamiento, pero implacable) sonrío mucho más. Si algún día me quedo sin dientes, por lo menos habré aprovechado para sonreir mientras los tenía.


La nariz me da la talla justa para sujetar las gafas. Es pequeña, sí. Y eso que ha crecido un poco. Tengo fotos de cuando tenía uno, dos, incluso cinco años, en las que sobresale más mi frente que mi nariz. Era una niña divina, monísima y chata. Hace tiempo me salió una especie de verruga cerca de la punta de la nariz. En las fotos casi no se aprecia, pero yo sé que está ahí. Menos mal que la tonalidad es la de mi piel. Si no, sería muy evidente, y creo que me crearía algo de complejo. Espero que no se convierta en una de esas cosas peludas y feas. Espero que no. O tendrá que irse a hacer compañía al diente en mi cajita de tesoros y curiosidades.


Llevo gafas, desde los ¿ocho? Sí, tal vez tenía ocho años cuando me pusieron gafas, y lo suyo les costó encontrar unas que no acabasen en la punta de mi nariz. Ni siquiera el artilugio que usan para probar la graduación se sostenía sobre el diminuto puente de mi apéndice nasal. Durante un tiempo llevé lentillas. Ahora he vuelto a llevar gafas. Las lentillas las dejo para ocasiones especiales, en las que me apetece maquillarme, por ejemplo.


Mi mirada, tras los cristales, es una mirada traviesa, y siempre ha sido así. Eso no cambia con los años. Últimamente es una mirada a veces triste, porque tengo cambios de humor espectaculares, que llegan a asustarme. Le daremos la culpa a las hormonas, aunque tal vez no sean absolutamente responsables de esos drásticos altibajos. Igual el calor también tenga algo que ver. Mi cabeza siempre siempre está tramando algo, y eso se nota en la mirada. Mi cara es transparente. Aunque mi boca diga blanco, si es negro mi cara lo gritará a los cuatro vientos. No puedo mentir. Soy incapaz de no decir la verdad. Por eso, a veces, opto por el silencio como respuesta, para no delatarme.

Sobre esta cara peculiar, que es la mía, y que os acabo de describir a grandes rasgos, está mi pelo. El pelo merece un capítulo aparte. Nací pelona, muy pelona. Con un año, seguía pelona. Mi cabeza estaba recubierta por un finísimo vello oscuro, casi una sombra. Y sobre la frente, un mechón ondulado, al estilo de las más famosas folclóricas, dibujando un perfecto caracol. Ese era todo mi cabello. Con un año era una muñequita de piel morena, con grandes ojos oscuros, una frente que sobresalía más que la nariz y boca de piñón diminuto. ¡Ah! No olvidemos las orejas, que no salen en las dos fotos que tengo delante, pero que también eran pequeñas. Pequeñas y perfectas.


Con el correr de los años, me creció el pelo, por supuesto. Una tremenda mata de pelo castaño oscuro, ondulado, que recogía siempre en una cola de caballo. Ahora, y después de mucho tiempo de llevar el pelo corto, decidí volver a dejar que creciera, a ver qué pasaba. Sigue siendo una mata tremenda, una cantidad de pelo increíble, rebelde, indomable, que vive sobre mi cabeza, a su aire, sin control. Por más que intento darle forma, tiene su propio carácter. Ni espumas ni cremas ni sérums ni gominas … nada puede con él. Es incontrolable. Lo que era, al principio, un perfecto caracol sobre mi frente, es ahora un mechón canoso que, si me recojo el pelo en una coleta, divide perfectamente mi cabeza en dos mitades, una blanca y una oscura, como el yin y el yang.


Y creo que eso, en conjunto, me define perfectamente. Fuera de lo común, especial, diferente, transparente, rebelde, y con una parte clara y una parte oscura dentro de mí. Vamos a ver de lo que soy capaz si saco esa blancura y esa negrura al mundo real. ¿Me atrevo? ¡Venga!



dimecres, 21 d’agost del 2024

PROVANT DIFERENTS PUNTS DE VISTA

Com es pot decidir si el punt de vista des del qual s'escriu una història és el més adient per a allò que es vol explicar? No és fàcil, però el punt de vista et permet jugar amb els temps, amb les paraules, amb les intencions. I de fet, és interessant, perquè veus quants matisos diferents pots treure d'un mateix esdeveniment. 

T'animes a llegir-me? I més important ... t'animes a provar-ho? 


TEXT INICIAL:

Hoy me he levantado temprano. Llevo todo el año muy perezosa, y necesito quitarme la pereza de encima como sea. Cuando consigo levantarme pronto, en verano, salgo a caminar y me doy un baño en el mar. Hoy he pensado que no me pondría el biquini, que solamente sería una caminata a paso ligero. Cuando llevo la bolsa con la toalla, caminar me resulta más incómodo.

He salido de casa hacia las siete, pensando que no tardaría mucho. En un punto concreto -llevaba ya dos Km- me he encontrado con un chico que me ha saludado. Ya lo había visto alguna otra vez. Me ha preguntado si me había salido bien la foto (cuando me ha visto, justo estaba sacando una foto del paisaje con mi teléfono) y hemos empezado a charlar de fotografía. Le he dado algún consejo y me ha preguntado si soy fotógrafa. Evidentemente, le he dicho que no. Me gusta la fotografía y la estudié en la universidad, pero no me dedico a ella, aunque muchas veces me apetecería.

Con la charla, se me ha ido pasando el tiempo. Ya llevábamos un cuarto de hora disertando sobre fotografía y me he ido a casa. Yo que pensaba que sería una caminata rápida, porque me ahorraba el baño, y ha sido más larga de lo esperado. He llegado a casa y he tenido que desayunar, ducharme, hacer la cama, ventilar y salir hacia el trabajo rapidísimo. No he podido entrar en la plataforma, como me gusta hacer todos los días, ni he podido revisar mi correo.

Ha sido una mañana un poco extraña, pero me ha hecho feliz saber que puedo aconsejar a alguien sobre un tema que me gusta.

Todo el mundo dice que hago buenas fotos. Yo creo que podría mejorar mucho si me dedicase a ello en serio. De momento, me conformo con poder salir a caminar más a menudo, y enviar de vez en cuando fotos del amanecer a la televisión. Alguna vez, en el programa del tiempo, han publicado alguna de mis imágenes. ¡Es muy emocionante! Me gusta ver mi nombre en pantalla, y pensar que alguien puede admirarme por mis fotografías, aunque las haga en plena marcha y con el teléfono móvil.

...

PRIMERA PERSONA DEL PLURAL: NOSALTRES.

Hemos madrugado, aunque anoche nos acostamos tarde. Nos hicimos el propósito de salir a caminar todos los días, pero nos está costando horrores. La pereza nos supera.

Salimos sin biquini y sin toalla. No tenemos tiempo de darnos un chapuzón. En verano nos apetece, después de unos kilómetros, meternos en el mar. Hoy no. Aunque aún no es de día, no llegaríamos a tiempo al trabajo.

Llevamos quince minutos caminando y lo vemos, a lo lejos. Ya estaba ahí la semana pasada. Exactamente en el mismo lugar. A la misma hora. Nos saluda con un "buenos días". Nos resulta chocante, porque es un chico bastante joven, y esas muestras de cortesía no suelen ser habituales.

El amanecer es precioso. Tomamos una foto. Discutimos sobre el encuadre. El chico entra en la conversación. ¿Sois fotógrafos? No, nos gusta la fotografía. Simples aficionados. Una cosa lleva a la otra y, sin darnos cuenta, estamos un buen rato hablando. Enfoque, horizonte, diafragma, velocidad, ... ¡Velocidad! Se nos está haciendo tarde. Nos despedimos y volvemos a casa a paso ligero. Desayunamos, nos duchamos, lo dejamos todo recogido y volamos hacia el trabajo. Como siempre, llegamos justo a tiempo.

...

SEGONA PERSONA DEL SINGULAR: TU

Te has levantado antes del amanecer. Hoy sí, lo has logrado. Tu biquini aún está húmedo, desde ayer. Hoy sólo saldrás a caminar.

Tomas el mismo camino de siempre. Te encuentras con la misma gente de todos los días. De todos los días que consigues madrugar. Este año estás especialmente perezosa, no sabes muy bien por qué.

Lo ves a lo lejos. Puedes intuir, en la penumbra de las primeras luces, su silueta. Siempre en el mismo lugar, con la misma ropa, a la misma hora. Nunca te dice nada. Nunca habla con nadie.

Hoy le darás los buenos días, y él te responderá, muy educadamente. Y te preguntará por tus fotografías. Esas que nadie sabe que te gusta hacer, y que guardas en álbumes que no vuelves a mirar jamás.

Se ha fijado en que, cuando caminas, justo a la salida del sol, te detienes un instante, y sacas el teléfono de tu bolsillo. Él también hace fotos. Le gusta, pero no sabe demasiado. Y te pregunta. Y a ti te gusta que alguien te escuche. Y le explicas. Y se te hace tarde, pero no te importa.

Hoy tal vez dejarás la cama sin hacer, o desayunarás de camino al trabajo. Por una vez en tu vida, alguien se interesa por tus palabras.

...

MODE IMPERATIU: TU! ESPAVILA! 

¡No te duermas otra vez! ¡No lo hagas! No te puedes permitir un día más sin levantarte temprano y salir a caminar.

Tienes que moverte y superar tus miedos. Puedes salir a caminar tú sola. No necesitas a nadie más.

Sal de la cama, vístete y agarra el teléfono. Tus fotos del amanecer son preciosas. Lo sabes, pero no te lo quieres creer.

Qué importa lo que te hayan dicho antes. Sabes que tienes un don especial para captar la belleza del paisaje.

Sal a la calle y camina. No te dejes hundir por palabras malintencionadas. Acércate a la gente, sin miedo, y pregunta, comparte, enseña, aprende. Seguro que, algún día, encontrarás a alguien que te aprecie de verdad.

...

TERCERA PERSONA DEL SINGULAR : ELL

Hoy se ha levantado temprano, antes de las seis. Se le ha acabado el sueño, y ha decidido que saldría a caminar.

Durante su paseo ha visto amanecer. Y se ha encontrado con quien había sido su amigo durante tantos años. Parado frente al mar, mirando a la nada, o al horizonte, o a las nubes, ... Hace tiempo que no se hablan.

Cuando no puede dormir sale a caminar, para ahuyentar la tristeza. Y los días que pasa junto al puerto, siempre se lo encuentra. Solo. Perdido. Con la mirada vacía.

Desde que ella murió, jamás volvió a ser el mismo, y vaga por el puerto esperando que el mar se la devuelva.

...

TERCERA PERSONA DEL SINGULAR: ELLA

Ayer olvidó poner la alarma del despertador. Y hoy se le ha hecho tarde para darse un baño a primera hora. El contacto con el océano es el impulso que la ayuda a seguir, un día más. No puede darse por vencida. Todavía no.

Se calza las deportivas, coge las llaves y el teléfono y sale de casa. Apenas despunta el sol. La calle está vacía.

Junto a la playa, cerca del puerto, se encuentra otra vez con él. Ya lo ha visto otras veces, aunque nunca se han dicho nada. Se acerca hacia donde él está de pie, mirando al sol que asoma, y se sonríen, tímidamente primero, y de forma franca después, cuando se dan cuenta de que ambos han fotografiado, en el mismo instante, el amanecer.

Él toma la iniciativa y le pregunta. A partir de ese momento, ya siempre se buscarán, al alba, para hablar de fotografía.

...



dimarts, 16 de juliol del 2024

MARGARITA SOLER, 2º 3ª

 Seguim amb el repte d'escriure alguna cosa al voltant del talismà. En el meu cas, les tisores.

Aquest cop es tracta de triar un personatge, dotar-lo d'una petita biografia (per saber quines poden ser les seves reaccions) i fer-lo interactuar amb el talismà. 

Vols saber què passa en aquesta minihistòria? Doncs no deixis de llegir!

 

Vestía de manera extravagante, un poco alocada para alguien de su edad. El dolor de pies la estaba matando, y los juanetes no le permitían usar el calzado que a ella en realidad le hubiese gustado llevar. Sólo necesitaba mermelada de arándanos, para preparar una tarta, pero compró también media docena de huevos frescos y un par de botellas de leche. En el pequeño colmado que había al otro lado de la calle, y que se podía ver desde su balcón, solía haber cola: se tomaban su tiempo en atender a los clientes. Así que, cuando Margarita iba a hacer sus compras allí, se llevaba uno de sus libros y aprovechaba para leer un par de páginas, a veces incluso más. Le encantaba Agatha Christie y no tenía nada mejor que hacer, así que poco le importaba esperar. Las rodillas le fallaban de vez en cuando. Se sentaba en la pequeña banqueta que tenían junto al mostrador, abría el libro y esperaba su turno.

La portera le había comentado que una pareja joven se acababa de mudar al entresuelo segunda, y a Margarita le pareció buena idea darles la bienvenida a la comunidad con una tarta casera. La de queso y arándanos era la que le salía mejor, según los comentarios de todo aquél que la había probado. Y ella estaba completamente de acuerdo.

Los pisos del Eixample barcelonés eran un tanto peculiares. Margarita vivía en el segundo que, si tenemos en cuenta el entresuelo y el principal, aunque le llamaran segundo en realidad era un cuarto. Menos mal que el ascensor, ya centenario, y de estilo modernista, todavía funcionaba.

Al cruzar el portal para adentrarse en el larguísimo vestíbulo de la finca, al final del cual estaban la doble escalera y el ascensor, un hombre de unos treinta y pocos, alto, robusto, de pelo largo y crespo y tez curtida por el sol, casi se dio de bruces con ella. Salía corriendo del edificio, y ni siquiera se disculpó por estar a punto de derribarla. Las numerosas lecturas y relecturas de Margarita la habían dotado de un punto de perspicacia, y tenía una agudeza y una rapidez mental que la capacitaban para hacer un retrato robot en un plis plas. No se le escapaba ningún detalle. Menudos modales tiene la juventud de hoy en día, pensó, recuperando la compostura. Y se dirigió al ascensor.

Se acomodó en la cabina: la bolsa de rejilla que había tejido ella misma, colgada del brazo izquierdo. El codo doblado, para que no se le escurriesen las asas, y la mano derecha sujetando con fuerza el pasamanos.

La lentitud del ascensor era exasperante. Margarita dejó la bolsa en el suelo, junto a sus pies doloridos, y entonces algo llamó su atención. Un objeto brillaba en una esquina del habitáculo, muy cerca de la puerta. Esperó que el ascensor se detuviera y, como pudo, se agachó para ver mejor. No estaba segura del todo, pero parecían unas tijeras, sí, unas pequeñas tijeras, para podar, tal vez. Estaban abiertas y tenían, en la punta, algo oscuro, espeso, que le recordó a la mermelada de arándanos.

Notó cómo se le agitaba la respiración. Abrió la puerta del ascensor, metió la llave en la cerradura de su piso y dejó la bolsa en el recibidor, junto a la mesilla en la que descansaba el teléfono. Descolgó, marcó y esperó. Al otro lado de la línea, una voz femenina respondió:

-Policía, dígame.

Margarita se aclaró la garganta con un ligero carraspeo, cogió aire y empezó a hablar.

dilluns, 15 de juliol del 2024

ERA MIÉRCOLES Y LLOVÍA ...

Què passaria si tot el que escrius girés al voltant d'un únic objecte? Si haguessis de triar una mena de talismà que fos el centre d'absolutament tot el món que sorgís del teu imaginari?

Aquest text és part d'un projecte que segueix aquesta consigna. El talismà són unes tisores, i l'exercici tracta de fer memòria, i posar damunt del paper un record (real, o inventat, o una mica de cada) on hi aparegui el talismà. 

Espero que t'agradi i t'arrenqui un somriure. O no ...


10 de noviembre de 1976.

Es miércoles, mi día favorito de la semana. Mamá libra los miércoles, y pasa por la escuela a recogerme. Ha estado lloviznando durante todo el día, y ya ha oscurecido. En esta época se hace de noche muy temprano.

La temperatura dentro de casa es agradable. El calor de la estufa de butano hace que se empañen los cristales, y el exterior parece un mundo fantasma. Me gusta dibujar con el dedo en los cristales empañados, y mamá nunca me regaña.

Sobre la mesa del comedor me espera una muñeca recortable. ¡Oooh! ¿A ver? Alba. ¡Es preciosa! ¡Me encanta su peinado! Media melena … ¡y flequillo! Se parece a María, mi
mejor amiga. Le queda muy bien el pelo corto, y siempre lleva unas horquillas chulísimas. Me gustaría tener horquillas como las de María, pero mamá dice que no las necesito. Llevar el pelo sujeto en dos trenzas, según mamá, es suficiente. No necesito horquillas.

Podría pasarme días enteros recortando. Recorto con todo el cuidado del que son capaces mis manos. Con siete años recién cumplidos, la perfección está lejos de mi alcance. Me conformo con no cortar más de la cuenta y conseguir que las pestañas queden más o menos intactas. Sin pestañas, los vestidos no se mantienen en su sitio, y sería imposible vestir a las muñecas.

¿Qué hay de cenar, mamá? ¿Sopa? … mmm … ¡sopa! Huele genial. ¡Me encanta la sopa! Este vestido es muy bonito. Me gustaría tener uno así, con estampado de margaritas. El uniforme de la escuela es muy aburrido … ¡Oh! Estas botas también me gustan. De color amarillo, mi color preferido.

Mamá sigue en la cocina. El aire huele a sopa de fideos. Estoy tan concentrada recortando una de las camisetas de Alba que, sin querer, me corto un poco la trenza derecha. ¡Huy! No me ha dolido. ¿A ver? Corto otro poquito. Agarro la trenza por la parte de arriba, con firmeza, y tengo que dar tres cortes para conseguir separarla del resto del pelo. La dejo sobre la mesa y sigo recortando vestiditos de papel.

-¡Cariño, recoge, que ya voy con la cena!


-¡Sí, mamá! ¡Un momento!


Aparto todos los recortes a un lado y me planto, con las tijeras en la mano, junto a la mesa, con una sonrisa que, lo noto, me recorre la cara de oreja a oreja. Debo estar guapísima, como María. Y como Alba. Ahora sí que podré llevar horquillas bonitas. Seguro que a mamá le encanta.

Mamá entra al comedor con el plato de sopa entre las manos. Cuando me ve, con una trenza en un lado y algo parecido a una brocha de pintor en el otro, abre mucho los ojos y aprieta con fuerza los labios.

-¿Estoy guapa, mamá?


Se ha quedado sin palabras. Una lágrima le resbala por la mejilla. Ahora lo sé. Estoy preciosa. Se ha emocionado.

dilluns, 3 de juny del 2024

DIÁLOGOS CON EL ESPEJO (O MONÓLOGOS CON MI YO INVERTIDA)

Aquest és un exercici proposat en un curs d'escriptura de guions. Es tracta de fer-se una entrevista imaginària, per explicar qui som. 

A veure què et sembla. ;-)


- Buenas tardes, querida. Encantada de volver a verte.

- La verdad es que no puedo evitarlo. Me gusta pasarme por aquí todos los días, aunque sea solamente un rato.

- Tú siempre tan graciosa ...

- Mira, no puedo evitar esos toques de humor. Qué le vamos a hacer ...

- Pareces cansada. ¿Va todo bien?

- La verdad es que no mucho, aunque tampoco es que vaya del todo mal. Últimamente le estoy dando muchas vueltas a la cabeza.

- ¿Y eso por qué? ¿Algún problema en el trabajo?

- No. El trabajo no me entusiasma, pero está bien poder tratar cada día con gente distinta. Me permite observar cómo actúan las personas, conocer algo de su carácter o, por lo menos, intentarlo. Y además, si viene algún turista, puedo practicar los idiomas que conozco, para que no se me olvide lo poco o mucho que sé.

- ¿Cuántos idiomas hablas? ¿Te interesan las lenguas?

- A ver ... Que hable perfectamente están el catalán (mi lengua materna, ya lo sabes) y el castellano. Luego el francés, con el que me defiendo bastante bien. El ruso tampoco se me da mal. Y chapurreo algo de inglés y de italiano. Pero sinceramente, no tengo problemas para hacerme entender en ningún idioma. Soy muy expresiva y si no sé alguna palabra, busco la forma de hacerme entender, por señas o con dibujitos.

- Dices que tu trabajo no te entusiasma. ¿Por qué lo elegiste?

- Pues, si te soy sincera, no fui yo quien lo eligió. Las circunstancias me forzaron a trabajar en algo que no me interesaba demasiado. Estudié bellas artes, pero trabajé apenas un año dando clases en una escuela de secundaria. También monté algunos talleres artísticos. Y durante un tiempo tuve un puesto de venta de artesanía realizada por mí.

- Parece mucho más interesante que trabajar detrás de un mostrador. ¿No te apetecería volver a intentarlo?

- Creo que no. El año en la escuela fue muy duro, y me costó trabajo terminar el curso en mi sano juicio.

- Ya me imagino. Tratar con adolescentes no es nada fácil.

- En absoluto. Y menos todavía cuando son cuarenta en la misma aula. ¡Imposible!

- ¿De verdad no te gustaría volver a intentarlo? Pareces estar suficientemente capacitada para ello.

- No. Rotundamente no. Ahora tengo otras ideas en mente. Por ejemplo, aprender a mejorar mi expresión escrita.

- ¿Por eso estás haciendo este curso? ¿No quieres perder el contacto con tu parte creativa?

- De hecho, nunca he perdido el contacto con mi parte creativa. Tú lo sabes. A veces ves cómo invento maquillajes o caracterizaciones frente a ti. Y nos reimos juntas.

- Sí. Resulta muy divertido ver las caras que pones cuando te maquillas.

- Anda, cállate, que tú pones las mismas caras que yo ... ¡ ja ja ja!

- Cuéntame, va. ¿Por qué este curso?

- ¿La verdad? Siempre me ha gustado leer y escribir. Considero que no lo hago mal, pero nunca me he puesto a ello en serio. Por una de aquellas casualidades, descubrí esta plataforma y este es mi cuarto curso en ella. Voy a curso por mes. En los otros tres he aprendido muchísimo, y espero aprender también en este. ¿Te imaginas que los diálogos que pueda llegar a escribir, si algún día escribo historias, se sienten como reales? ¡Sería total! Para flipar ...

- Estoy convencida de que lo vas a conseguir. Te conozco y sé que, cuando quieres algo de verdad, haces lo que sea para conseguirlo.

- Bueno, lo que sea ... siempre que sea legal, ¡claro!

- ¡ Por supuesto! No lo he dudado ni por un instante. Je je ... Me ha gustado este ratito contigo.

-Y a mí. Creo que el peinado me ha quedado bastante bien.

- Estás guapísima. Tienes mejor cara que cuando has entrado.

- ¡Gracias! Un placer charlar estos minutos. ¡Por la noche vuelvo y nos lavamos los dientes juntas!

- ¡Que te vaya bien el día!

MICROHISTÒRIA

Participo en un concurs literari, en una plataforma d'internet. El termini de presentació s'acaba el dia 1 d'octubre, a les 8:59...