Què passaria si tot el que escrius girés al voltant d'un únic objecte? Si haguessis de triar una mena de talismà que fos el centre d'absolutament tot el món que sorgís del teu imaginari?
Aquest text és part d'un projecte que segueix aquesta consigna. El talismà són unes tisores, i l'exercici tracta de fer memòria, i posar damunt del paper un record (real, o inventat, o una mica de cada) on hi aparegui el talismà.
Espero que t'agradi i t'arrenqui un somriure. O no ...
10 de noviembre de 1976.
Es miércoles, mi día favorito de la semana. Mamá libra los miércoles, y pasa por la escuela a recogerme. Ha estado lloviznando durante todo el día, y ya ha oscurecido. En esta época se hace de noche muy temprano.
La temperatura dentro de casa es agradable. El calor de la estufa de butano hace que se empañen los cristales, y el exterior parece un mundo fantasma. Me gusta dibujar con el dedo en los cristales empañados, y mamá nunca me regaña.
Sobre la mesa del comedor me espera una muñeca recortable. ¡Oooh! ¿A ver? Alba. ¡Es preciosa! ¡Me encanta su peinado! Media melena … ¡y flequillo! Se parece a María, mi
mejor amiga. Le queda muy bien el pelo corto, y siempre lleva unas horquillas chulísimas. Me gustaría tener horquillas como las de María, pero mamá dice que no las necesito. Llevar el pelo sujeto en dos trenzas, según mamá, es suficiente. No necesito horquillas.
Podría pasarme días enteros recortando. Recorto con todo el cuidado del que son capaces mis manos. Con siete años recién cumplidos, la perfección está lejos de mi alcance. Me conformo con no cortar más de la cuenta y conseguir que las pestañas queden más o menos intactas. Sin pestañas, los vestidos no se mantienen en su sitio, y sería imposible vestir a las muñecas.
¿Qué hay de cenar, mamá? ¿Sopa? … mmm … ¡sopa! Huele genial. ¡Me encanta la sopa! Este vestido es muy bonito. Me gustaría tener uno así, con estampado de margaritas. El uniforme de la escuela es muy aburrido … ¡Oh! Estas botas también me gustan. De color amarillo, mi color preferido.
Mamá sigue en la cocina. El aire huele a sopa de fideos. Estoy tan concentrada recortando una de las camisetas de Alba que, sin querer, me corto un poco la trenza derecha. ¡Huy! No me ha dolido. ¿A ver? Corto otro poquito. Agarro la trenza por la parte de arriba, con firmeza, y tengo que dar tres cortes para conseguir separarla del resto del pelo. La dejo sobre la mesa y sigo recortando vestiditos de papel.
-¡Cariño, recoge, que ya voy con la cena!
-¡Sí, mamá! ¡Un momento!
Aparto todos los recortes a un lado y me planto, con las tijeras en la mano, junto a la mesa, con una sonrisa que, lo noto, me recorre la cara de oreja a oreja. Debo estar guapísima, como María. Y como Alba. Ahora sí que podré llevar horquillas bonitas. Seguro que a mamá le encanta.
Mamá entra al comedor con el plato de sopa entre las manos. Cuando me ve, con una trenza en un lado y algo parecido a una brocha de pintor en el otro, abre mucho los ojos y aprieta con fuerza los labios.
-¿Estoy guapa, mamá?
Se ha quedado sin palabras. Una lágrima le resbala por la mejilla. Ahora lo sé. Estoy preciosa. Se ha emocionado.
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