dimarts, 12 de setembre del 2023

ESCENAS LOCAS (el cirujano)

Quan només tens deu minuts per muntar una història, amb un personatge, un lloc i un esdeveniment triats a l'atzar ... què podria sortir malament? 

Aquí, una altra HISTÒRIA ESBOJARRADA. 


Personatge: UN CIRUJANO RETIRADO

Lloc: UNA ISLA DESiERTA

Esdeveniment: UN DESFILE DE MODA



- ¿Dónde estoy? -se preguntaba Antonio, mientras miraba desconcertado a su alrededor. 

Lo último que recordaba era un mareo bastante importante, a bordo del barco en el que navegaba. Estaban celebrando su retirada del trabajo. Había sido cirujano plástico durante toda su vida, y ahora, a los sesenta y cinco años, había llegado la hora de descansar. 

Cenaban en cubierta y se empezó a sentir traspuesto. Se acercó a la borda para tomar aire y ahí se acababan sus recuerdos. 

Miró a su alrededor para ver si, en aquella inmensa playa, había alguien más. No se veía ni se escuchaba a nadie. Parecía ser una isla desierta. Navegaban hacia Grecia, así que tal vez estaba en algún islote cercano.

Como pudo, se levantó y empezó a caminar. Cuando llevaba una hora andando (calculó más o menos, porque ya no le funcionaba el reloj de pulsera) oyó unas risas y música. Pensó que estaba desvariando, por el calor y la desorientación.

Forzando un poco la vista, divisó, a lo lejos, un grupo de gente caminando en fila, hacia un lado de la playa y luego vuelta al otro. Le parecieron figuras femeninas. Tantas operaciones de estética durante tantos años le estaban haciendo ver visiones. 

Se siguió acercando, muerto de calor y de sed, y vio que eran personas reales. No estaba alucinando. Habían montado una pequeña pasarela de madera y la utilizaban como plataforma para caminar por ella. Empezó a ver cámaras, fotógrafos, trípodes, reflectores de luz, ...

La corriente lo había llevado a la isla de Marabú, un islote deshabitado, con paisajes irreales, oníricos, en el que ese año la marca de bañadores Blue Starfish había decidido fotografiar sus modelos de bañadores y biquinis.

Se acercó al grupo de gente, que ni siquiera reparó en él, y empezó a mirar a las modelos. Era capaz de reconocer, a simple vista, cuáles se habían sometido a una rinoplastia, cuáles se habían operado el pecho o se habían quitado grasa de las caderas. 

Todas estaban estupendas, pero ninguna era una mujer completamente real. Cada una de ellas llevaba, en alguna parte de su cuerpo, la firma de un bisturí. Tal vez no el suyo, pero sí el de algún colega. 

Después de un rato mirando, salió de detrás de las rocas y pidió una cerveza bien fría. 



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